24 de febrero de 2022

002 - El timbre

Me encuentro dormitando en mi enorme sillón de orejas echando una cabezada. Me gusta echar una siesta después de comer. es una de las ventajas de trabajar desde casa. En mi cabeza Tyrion Lannister está jugando al ajedrez contra Jax Teller. El enano lleva las piezas blancas. La partida parece igualada pero si tuviera que apostar contra uno de ellos apostaría por las piezas negras. La posición en el tablero es muy aguda y a prioro no se puede saber quien tiene realmente ventaja. No soy gran conocedor de la apertura catalana que están jugando pero sé que lleva a posiciones de doble filo en el que cualquiera de los dos jugadores se puede ver en seria desventaja en pocos movimientos. Si tuviera que apostar por uno de ellos lo haría por el motero, aunque en la teoría las piezas negras lo llevan peor. Al menos en la ficción de la que ha salido no aparecen cosas de la nada cuando al autor le viene bien y además es calculador y despiadado. 

En este sueño extraño me hayo cuando me sobresalta un ruido atroz. Es como un timbre. No es como si fuese el timbre, es que es el timbre. Es muy extraño. No recuerdo haberlo escuchado nunca. Puede ser porque nunca me visita nadie. Y eso seguramente se debe a que no le he dado a nadie mi dirección. Seguramente es alguien que se ha equivocado, pienso para mi. Con ese pensamiento me doy la vuelta en mi enorme sillón de skay rojo y cierro de nuevo los ojos. Jax y Tyrion ya no están allí. Tampoco hay ningún tablero de ajedrez. Ahora no sabré quien ganó. Solo he jugado dos veces la catalana. La primera vez gané en pocos movimientos. Confiado por mi éxito la primera vez la volví a jugar una segunda vez. Fue la derrota más rápida de mi breve carrera como jugador semiprofesional de ajedrez. El timbre sonó de nuevo con más insistencia. 

Me levanté hacia la puerta y la abrí con desgana, comprobando primero que la cadena estaba puesta, por lo que la puerta solo podía abrirse una rendija.

-"¡No compro biblias!" - Exclamé sin mirar de quien se trataba. 

-"¿Es usted Piter Panceta?" Preguntó una voz de mujer. 

-"¡No conozco a ese señor!" - le respondí.

-"¡Tiene usted que ayudarme!" - exclama ella suplicando. "Por favor". 

-"¡No puedo ayudar a nadie. Ahora márchese" - Respondo mientras cierro la puerta con fuerza.

- "Por favor...", escucho desde el otro lado de la puerta. Pero decidí ignorarla por completo.

Regresé hacia el sillón, pero ya era demasiado tarde para continuar con la siesta, así que no me senté en él. En su lugar me dirigí hacia la mesa. Llamar mesa a ese tablero recuperado de la basura sobre dos caballetes sería darle una categoría que merece. Junto a la mesa había una silla de oficina y un ordenador portátil. Lo llamo ordenador portátil por llamarlo de alguna manera, porque más que un ordenador portátil es una máquina del tiempo. Es verla y sentir que estás viajando a 2002, cuando los Vengaboys ocupaban aún portadas de los megamixes, los discos se escuchaban por álbumes en lugar de por canciones sueltas online y un ordenador tenía que tener unidad de CD y disquetera. 

Me compré ese portátil con lo que gané haciendo bolos con mi grupo de música. En ese momento pensaba que podía ser un verdadero artista, pero por si no triunfaba adopté el nombre artístico de Piter Panceta para no dañar mi nombre real. O tal vez por si triunfaba poder tener anonimato. No lo sé. Solo sé que no triiunfé Con ese poco dinero me compré el portátil aquel para satisfacer mi otra gran pasión además de la música: escribir. 

Me senté ante el ordenador, pero no para escribir. Hace mucho que no escribía nada, y las últimas cosas que había escrito eran auténtica basura. Ahora tenía una mierda de trabajo como corrector de textos para otros aspirantes a novelista. Mis clientes eran Jóvenes ilusionados a los que aún la vida no les había dado en los morros y les había hecho tragar sus ilusiones y aspiraciones. Idealistas que piensan que escriben lo suficientemente bien como para publicar pero en realidad no valdrán nunca más que para hacer correcciones de estilo a gente que es como ellos eran antes.

La mujer aun grita en el rellano. Me pingo los auriculares y escucho la radio. Siempre escucho la misma emisora de música jazz. En este momento me olvido de mis pensamientos, de la mujer que grita en el rellano y me centro en el texto que debo revisar. Está realmente mal escrito y además la historia es realmente mala. Más aburrida que el manual de usuario de una tostadora y más llena de tópicos y lugares comunes que un álbum de power metal. El único motivo por el que leo esa mierda es por el dinero.

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